Dylan, el poeta que hizo tinta del viento. Texto de Roy Galán


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Dylan, el poeta que hizo tinta del viento.

Le han concedido el Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan.

Y ha faltado tiempo para que una gran parte de los literatos se lleven las manos a la cabeza acusándolo poco menos de intrusismo profesional.

A él.

Que fue capaz de escribir un verso que decía que el que no está ocupado naciendo, está ocupado muriendo.

A él.

Que cogió y protestó por toda la mierda del Universo.

A él.

Que intentó restituir tantas cosas cercenadas.

Pero se ha topado con la endogamia literaria, con todos esos escritores que dicen qué es literatura y qué no, qué es poesía y qué no.

Obviando lo más básico del arte, el arte como medio para hacer sentir menos solos al resto, el arte como acto reivindicativo, como rebelión ante lo injusto.

Qué pereza producen todos esos escritores que creen que lo que hacen es especial, que su manera de mirar el mundo es única, que son más inteligentes que el resto, más instruidos que el resto, más todo que todo el puto mundo.

Pues no, son la misma mierda y la misma maravilla que todo lo demás.

Que una piedra o que la nebulosa.

A la mayoría de los escritores les molesta la diversión.

Les molesta que puedas escuchar a un poeta como Dylan mientras bebes una cerveza.

Porque la literatura se ha asociado tradicionalmente a algo tortuoso, que requiere de un esfuerzo titánico y que solo algunos elegidos consiguen.

Muchos escritores son opositores de la palabra.

Les jode que la gente las use de una manera distinta.

Como si Dylan fuera peor escritor por no ir en un libro.

La palabras transforman la realidad porque pensamos con ellas.

Hay tantos escritores que la única realidad que tratan de cambiar es la suya propia.

Que la única realidad que les interesa es aquella en la que son halagados.

Obviando lo más básico del talento: que tiene que servir de algo.

Se revuelven en un lodazal de elogios chillando lo bien que escriben.

¿Y qué si escribes bien?

Bob Dylan además de escribir bien nos ha calmado.

Nos ha recorrido por dentro.

Nos ha incomodado.

Y nos ha emocionado.

Acercar la poesía a la vibración musical está solo al alcance de unos pocos.

Ese virtuosismo ya merecía el reconocimiento que ha tenido.

Y el Nobel es solo una forma más de darle las gracias.

A alguien que nos cambió con sus palabras.

Silbadas en el viento.

Susurradas en un paso de peatón.

Escritas en una pared.

O dentro de un libro.

Literatura es toda aquella palabra que nos hizo una promesa.

Que nos hizo comprender que éramos más que cuerpos que morirían.

Que nos hizo mejores.

Y si nunca te ha pasado eso en un concierto.

Mientras miras las caras de esos desconocidos.

Y te reconoces.

Y das las gracias.

Es que nunca has leído.

Esto que es la vida.

Texto de la página de Roy Galán  

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